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El camino de la escritura

Conversamos con Santiago Llach, tallerista, editor y organizador de experiencias literarias.

Santiago Llach es una figura ineludible del escenario literario argentino. A lo largo de su trayectoria publicó libros de poesía, formó escritores, fundó editoriales y organiza el Mundial de Escritura, donde participaron más de 50.000 personas de 50 países. Ahora está a la cabeza de Chasco, un proyecto plural que nuclea distintos aspectos de la literatura. Incluye talleres y cursos en la Escuela de Escritura, la librería online Chasco Libros, los viajes y residencias por Argentina y el mundo y The Chasco Gazette

 

En esta entrevista conversamos sobre cómo se inició en el mundo de los libros y también, como formador de escritores que es, nos brindó consejos para aquellos que estén buscando iniciarse en la escritura.

 

¿Cómo empezaste a sumergirte en el mundo literario?

Vengo de una familia intelectual: mis padres son sociólogos, mi madre leía mucha literatura, así que empecé por los libros de la biblioteca. También me compraban la colección Robin Hood, que formó a muchos niños y adolescentes. Me gustaban mucho los libros, y eso fue evolucionando. A los doce, trece años leía libros de aventuras, Julio Verne, por ejemplo, y en la adolescencia empecé a leer literatura, digamos, “adulta”: Borges, Kafka, Sábato, Cortázar. Siempre tuve una certidumbre de que me quería dedicar a eso.

 

¿Quiénes fueron tus grandes maestros/as, en caso de que hayas tenido?

Los tuve. La primera fue una tía abuela mía, con quien iba a unas clases para completar lo que mi madre llamaba “deficiencias” en la formación escolar. Esa tía me hacía memorizar a Borges y Juan Ramón Giménez. Fue una de mis primeras interlocutoras, mi tía Pa, así le decían. Luego, en cuarto año fui a un taller de poesía en la biblioteca popular de Martínez, dirigido por una profesora y poeta que se llamaba Nora Larrandart, que me abrió muchísimo la cabeza, porque yo venía de un colegio un poco cerrado en lo ideológico. Me abrió a muchas lecturas y a la escritura y compartir con otra gente. La facultad de Letras también, aunque a veces con dificultades en el desarrollo de una escritura personal. Puedo decir que Daniel Link fue importante ahí, Beatriz Sarlo también, y muchos otros. Paralelamente, a los veinti pocos empecé a ir a un taller bastante mítico de la época, con dos poetas que tenían visiones estéticas y personales diferentes. Ahí es cuando empecé a conocer a muchos contemporáneos míos que escribían. 

 

El Mundial de Escritura es una competencia de escritura de equipos, donde participa gente de todas las edades y nacionalidades. ¿Por qué  pensás que es una buena manera de introducirse en la escritura?

El Mundial de Escritura genera hábitos y lazos. El espíritu de mis proyectos siempre tiene que ver con incentivar, por un lado, la producción, sin perder el sentido crítico ni la libertad y por otro, poner en escena algo que siempre formó parte de la literatura, que es estar con otros. La literatura no es estar encerrado y lanzar bombas a distancia. Creo que cumple ambos roles. En el fondo, el Mundial es un taller de escritura escalado. Es una experiencia intensa de competencia y solidaridad, que ha generado la posibilidad de expresarse por escrito, como también conocer otra gente con la que encarar proyectos que tienen que ver con la literatura. 

 

Hace poco lanzaron también el Mundial de Lectura… ¿nos podrías contar un poco sobre eso? ¿En qué se diferencia del de escritura? 

El Mundial de Lectura tiene el mismo espíritu solo que aplicado a la lectura, a lo que Borges llama “el arte lento y rudimentario de la lectura”. Tiene que ver con compartir. Muchos leen mejor que uno, es ver otras interpretaciones, gustos, es muy pedagógico. En la misma dirección del Mundial de Escritura, genera hábito,en una época donde la lectura se está perdiendo (la lectura de libros, porque la lectura general está en auge a través de los dispositivos). 

 

En el Mundial de Lectura, planteamos un programa de nueve libros clásicos, modernos y no tan modernos, para transmitir la pasión que pueden despertar algunos escritores que amamos los que lo organizamos.

Finalistas del IX Mundial de Escritura en una residencia de escritura en Chascomús

¿Qué le dirías a alguien que quiere empezar a escribir?

Le diría que por un lado se siente y lo haga, que se dé un espacio para el hábito, que los primeros intentos van a salir mal, que tenga sentido autocrítico y que comparta con otros. Muchas veces pasa que uno tiene una idea idealizada de la propia producción, valga la redundancia, y pasa que a diferencia de otras actividades, uno piensa que no tiene que cotejar con otros. Y esto en realidad es como la carpintería, la música o el tenis, uno tiene que ver qué dicen los otros. Por supuesto, siempre hay un grado de subjetividad. En resumen: hábito y buscarse una tribu. Y también salir de la tribu, a ver qué pasa. 

 

¿Escritor se hace o se nace?

Tiendo a decir que se hace. Pero a lo largo de la historia, quienes se han preguntado por esta cuestión, que es la misma que la del trabajo o la inspiración, han encontrado que hay algo irracional en todo esto. Igual, no hay que preguntarse si se tiene talento o no; con la escritura se pueden hacer grandes cosas, si vende millones o lo leen 10 personas es bastante relativo. Puede haber algo innato que viene de la infancia, pero también conozco gente que de grande se puso a escribir y logró cosas muy lindas. Un escritor se hace, diría.

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